Había nacido el 13 de julio de 1842 en el seno de una distinguida familia. Su mamá, Rosario, era nieta del virrey Santiago de Liniers. Huérfano a temprana edad, junto a sus ocho hermanos quedó al cuidado de su abuela. Tuvo una educación primaria en su casa, impartida por el maestro Manuel Pinto, y los contenidos de la escuela secundaria se los impartió Fray Buenaventura Hidalgo. Ya a los 16 años se destacó como historiador, orador y hasta maestro, y ganó su primer premio de un concurso de historia organizado por el Liceo Literario, con un trabajo sobre el descubrimiento de América. En 1861 creó la Sociedad San Francisco Javier, destinada a nuclear a obreros y artesanos. Sostenía que el mensaje del Evangelio iba de la mano de la idea de libertad del individuo, y que esa libertad sería plena cuando la persona fuese instruida y así contar con las herramientas para lograr un lugar en la sociedad y su bienestar. El objetivo era alejarlos de las ideas socialistas y anarquistas, traídas por los inmigrantes, muy de boga en esa época. Fue un antecedente de los círculos católicos de obreros y un signo de preocupación social, con lo que se conocería, posteriormente como la Doctrina Social de la Iglesia. En 1868 Sarmiento, como presidente, lo designó secretario del ministro de relaciones exteriores, Mariano Varela. El sanjuanino lo apreciaba: no solo valoraba sus cualidades intelectuales, sino que además Estrada era íntimo amigo de su hijo Dominguito, y en cierta medida lo hacía acordar de él, muerto en la batalla de Curupaytí. También es cierto que se enfrentarían, años más tarde, cuando se discutiera la ley 1.420. El controvertido artículo 8 de la ley establecía que la educación religiosa en las escuelas sería opcional. La educación, para Sarmiento, debía ser neutral ante cualquier influencia religiosa. Esta cuestión se debate en el proyecto de la futura ley de enseñanza primaria o común. Desde los comienzos, la clase dirigente de la época se dividió en dos grandes campos. Los que plantean someter la educación a la iglesia y los que, inspirándose en la Revolución Francesa, sostenían una educación laica, es decir libre de la religión. Estos dos sectores chocaron muchas veces. En 1853 se consagra en la Constitución como religión de estado a la católica. En 1884 cuando se aprueba la ley 1.420, se establece que la educación debe ser laica, pero no se la aplicó consecuentemente. Fue entendida como un terreno de neutralidad al proponerse que la enseñanza de la religión podrá ser dada en las escuelas públicas por los ministros autorizados de los diferentes cultos a los niños de su respectiva religión, antes o después de las horas de clases. Ya en 1871, Estrada hizo una fuerte defensa de la educación religiosa en las escuelas. Sostenía que en la escuela la educación debía ser católica, rechazaba el laicismo que iba de la mano del liberalismo. El debate sobrepasó el ámbito parlamentario, y fue eje de discusión en distintos ámbitos. Los liberales llamaban a los católicos “sacristanes”, mientras que éstos les decían “masones”. La discusión en el parlamento insumió todo el mes de julio de 1883, al mes siguiente pasó al Senado y el proyecto, con sus modificaciones, se aprobó en junio de 1884. Fue enamorado de la docencia y venerado por sus alumnos, llegando a impulsar un aumento en el salario de los profesores, ya que la “vocación no se confunde con la del mártir, ni con la del penitente”. Muere un 17 de septiembre de 1894.

Pedro Pablo Verasaluse  

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